Sala de Cámara, Auditorio Baluarte
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Con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Valentín Larrea Iturbe (Gabiria, 1876 – Pamplona, 1970), la Orquesta Sinfónica de Navarra ofrece en Baluarte un concierto homenaje dedicado a redescubrir la figura y la obra de este compositor. La actividad forma parte del programa de actividades del ciclo Otoño Archimusical 2026, organizado por el Archivo de la Música y de las Artes Escénicas de Navarra (AMAEN).
En esta entrevista, María Setuain Belzunegui, que desarrollará la mediación musical durante el concierto, e Íñigo Hernández, musicólogo de AMAEN, hablan sobre el reto de rescatar la memoria de un músico fundamental del patrimonio navarro y llevar sus creaciones al público.
¿Qué papel desempeñó Valentín Larrea en la vida musical navarra de su época y por qué es relevante rescatar su figura a 150 años de su nacimiento?
Iñigo Hernández (IH): Valentín Larrea es una figura fundamental para comprender la historia musical navarra desde una perspectiva que va más allá de la composición. Destaca especialmente su vinculación con la actividad musical cotidiana de Pamplona/Iruña, donde su labor como pianista en el Nuevo Casino y su pertenencia al Quinteto Aramendia contribuyeron a dinamizar la vida cultural de la ciudad y de Navarra. Conmemorar los 150 años de su nacimiento representa una oportunidad para recuperar su figura y darla a conocer a las nuevas generaciones. También nos permite recordar que la historia de la música no se construye únicamente a través de los grandes nombres en mayúscula, sino gracias a músicos que, desde su actividad profesional, contribuyeron de manera constante a enriquecer la vida cultural de su entorno.
Para quien crea que la música clásica o la figura de Larrea le quedan lejos, ¿por qué este formato de concierto, que incluye mediación musical, es una buena puerta de entrada?
María Setuain Belzunegui (MSB): Porque se pide al público que se acerque a la música clásica desde la curiosidad por una vida. Valentín Larrea no se presenta como una figura intocable, sino como un músico profundamente inserto en una comunidad: alguien que tocaba en el Casino Eslava, colaboraba con el Orfeón Pamplonés y escribía música para los acontecimientos de su ciudad.
Esa cercanía convierte el concierto en una experiencia accesible incluso para quien no conoce su nombre ni su obra. Hay también una razón más honda: recuperar a Larrea no es solo recuperar a un compositor, sino reconocer el valor de quienes han sostenido la vida musical de sus ciudades. Redescubrir a Larrea significa, en cierto modo, acercarse una parte de la historia musical de Pamplona.
Además, las intervenciones ofrecen claves de escucha -el equilibrio clásico de ciertas páginas, la intimidad de otras, la presencia de giros populares vascos- sin recurrir a categorías técnicas que puedan excluir. Así, la música no aparece como un objeto que exige desciframiento, sino como una forma de expresión que sigue siendo directamente comprensible y capaz de emocionar.
Este concierto se enmarca en las actividades del AMAEN. ¿En qué consiste el trabajo del Archivo y qué los motivó a organizar esta cita?
IH: El tratamiento documental que llevamos a cabo con nuestros fondos en el Archivo consiste, grosso modo, en clasificar, describir y ordenar los documentos, siempre respetando los principios archivísticos, entre ellos el principio de procedencia. El objetivo es que estos materiales puedan conservarse, consultarse y estudiarse, tanto ahora como en el futuro, y que puedan leerse de forma conjunta, permitiéndonos relacionarlos con su autor y con el contexto histórico-cultural en el que se produjeron.
Como consecuencia de este primer estadio de trabajo, la difusión adquiere una importancia fundamental, puesto que permite que este patrimonio, que es de todas y todos, trascienda el ámbito del archivo y llegue a investigadores, intérpretes y al público general. Así que, un concierto como este es una oportunidad fantástica para dar a conocer ese patrimonio, en este caso permitiendo que unos documentos que se conservan vuelvan a la vida a través de la interpretación musical. Esta colaboración entre quienes conservamos el documento y quienes se dedican a difundirlo profesionalmente es la mejor receta para crear una experiencia que puede disfrutar cualquiera.
¿De qué manera ayuda la documentación del Archivo a reconstruir la trayectoria de Larrea?
IH: La principal riqueza de este fondo es que nos permite aproximarnos a Valentín Larrea desde perspectivas muy diferentes. Por un lado, las partituras manuscritas e impresas nos acercan directamente a su producción musical, que abarca desde obras para piano y música de cámara hasta composiciones corales, religiosas y piezas relacionadas con la tradición musical vasco-navarra. Por otro lado, la colección reúne diplomas, ejercicios de armonía, programas de mano, carteles, entradas de conciertos, recortes de prensa y documentación personal. Todos estos materiales resultan fundamentales para contextualizar su obra, conocer mejor su etapa de formación y seguir el rastro de su actividad musical. Nos permiten, en definitiva, conectar al compositor con los espacios donde desarrolló su trabajo y con la vida cultural de su época. Es precisamente esa diversidad documental la que otorga tanto valor al fondo: no solo conserva la música de Larrea, sino también numerosos testimonios que ayudan a reconstruir su trayectoria y su relevancia en la historia cultural de Navarra.
Dado que la cita se plantea como un recorrido por la vida de Larrea más que como un análisis de las piezas, ¿cuáles son los hitos o momentos de su biografía que articularán el relato durante el concierto?
MSB: El relato se organiza en tres grandes movimientos, más narrativos que cronológicos: “Cómo comienza una trayectoria”, “Cómo se forja una figura imprescindible” y “La voz de un compositor y la recuperación de su legado”. Cada una abre una faceta distinta de Larrea, de modo que el público pueda descubrirlo poco a poco. El recorrido está construido para avanzar de lo reconocible a lo menos conocido. Se parte de una Pamplona muy evocadora -la ciudad de la memoria de Sarasate y Gayarre, de los teatros, las sociedades musicales y el canto coral- y, desde allí, se presenta a un joven músico que llega a integrarse en aquel ecosistema. Después, la atención se desplaza hacia su trabajo cotidiano como pianista, profesor, acompañante y compositor; y solo al final se aborda su lenguaje creador y su diálogo con la tradición vasca. Esa progresión evita el efecto de distancia que puede producir el análisis técnico: primero se conoce a la persona y a su ciudad y después su música adquiere un sentido más pleno.
¿De qué manera vas a intervenir a lo largo del concierto para tender un puente con la audiencia sin restar protagonismo a la música?
MSB: La palabra no vendrá a explicar la música desde fuera, sino a situarla: a devolverle el aire de la época, los lugares y las personas entre las que vivió Valentín Larrea. Cada intervención está pensada como una antesala de la escucha y pretende ofrecer una imagen, una circunstancia o una idea capaz de orientar el oído sin imponer una lectura única de la obra. El objetivo es que quien acuda sin conocer a Larrea no sienta que debe poseer conocimientos previos, sino que le basta con dejarse llevar por un relato humano. Tampoco se pretende convertir las piezas en ilustraciones del discurso. La música conserva siempre el protagonismo: la palabra prepara la escucha, la sitúa y deja paso a la interpretación.
¿Cómo se aborda desde la mediación el reto de reconstruir la historia de Larrea para el concierto?
MSB: El reto principal radica en la falta de documentación completa y uniforme sobre muchas de sus obras: en ocasiones faltan fechas precisas, circunstancias de estreno o datos sobre su difusión. Por eso el concierto no finge una reconstrucción exhaustiva, sino que convierte esa laguna en parte del relato. Las obras se presentan por su función expresiva y por lo que revelan de su autor -su formación, su intimidad, su espiritualidad, su relación con la tradición-, evitando atribuirles significados que no pueden demostrarse. La palabra reconoce lo que sabemos, sugiere lo que puede inferirse con prudencia y deja que la música hable por sí misma. Así, la falta de información no se oculta ni se disimula: se transforma en el sentido mismo del homenaje. Recuperar estas páginas es devolverles un contexto, un público y una posibilidad de escucha que el tiempo había interrumpido.