"El desafío de la música de Mozart es descubrir toda la belleza que encierra y ponernos con humildad a su servicio"

09/10/2026
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Una ofrenda de amor: Orfeón Pamplonés y Orquesta Sinfónica de Navarra

El maestro Perry So analiza las claves del programa con el que la Orquesta Sinfónica de Navarra inaugura su Temporada 26-27 “Simbiosis”.

Temporada 26-27 Mozart Arriaga Perry So

El 15 de octubre, la Orquesta Sinfónica de Navarra ofrece el primer concierto de abono de la Temporada 26-27 “Simbiosis”, en el que abordará la “Sinfonía en re" de Juan Crisóstomo Arriaga y la “Gran Misa en do menor” de Mozart. Una cita dirigida por Perry So que reúne en el escenario al Orfeón Pamplonés junto a los solistas Jone Martínez, Ana Vieira Leite, Rodrigo Carreto y Ferran Albrich.

En esta entrevista, el maestro Perry So reflexiona sobre el significado de estas páginas musicales y los retos de devolverles su esencia viva sobre el escenario.

 

¿Qué mensaje o diálogo se busca crear al presentar estas obras de Mozart y Arriaga juntas en el programa?
 Mi idea en este concierto es celebrar el Clasicismo, no como una idea estática y perfeccionada, sino en manos de dos compositores que encontraron sus propias formas particulares de ampliar su alcance. En el caso de Mozart, es su descubrimiento de Johann Sebastian Bach y su contrapunto, lo que crea en la Misa en do menor una fascinante amalgama del pasado y el futuro. En el caso de Arriaga, destaca la ambigüedad profética de su juego entre los modos mayor y menor en la sinfonía; si bien no fue el primero en hacerlo, la manera en que los entrelaza para difuminar la tonalidad es un recurso que impregnaría más tarde la obra de compositores como Mahler y Richard Strauss. Así, lo que en la superficie parece el encuentro entre dos jóvenes clasicistas consagrados, se convierte en un diálogo entre dos innovadores que encarnaron ideas visionarias que tardarían décadas en llegar. 


Dada la compleja historia del manuscrito de Arriaga y los problemas de sus ediciones, ¿cómo influye el estado de la partitura de la Sinfonia en re a la hora de tomar decisiones interpretativas?
La edición estándar utilizada durante casi un siglo presenta la Sinfonía en re con numerosos cortes, ya que están marcados a lápiz en las partituras originales. Aunque no hay forma de saber si Arriaga autorizó esas amputaciones, esa versión mutilada terminó consolidándose como la habitual en las salas de concierto. Además, persiste la incertidumbre sobre las dinámicas y el fraseo, ya que las propias particellasestán en desacuerdo. Las ediciones académicas aparecidas en las últimas décadas dejan constancia de estas discrepancias, por lo que cada intérprete debe determinar su propia posición.

Aunque a primera vista esto parece un dilema casi irresoluble, un análisis atento de las fuentes permite apreciar con claridad la brillantez evidente de la obra y su compositor. Los problemas textuales y editoriales complican el asunto, pero, por suerte, no nublan el contenido musical. Mi visión de la pieza está informada por las prácticas interpretativas generales de la época en Europa, pero siempre con la cautela de no ocultar tras ellas la individualidad de la obra. El trabajo del director español Jordi Savall sobre esta pieza me ha resultado revelador (¡como casi todo lo que hace!) y he intentado forjar mi propio criterio con sumo cuidado a la sombra de un gigante de nuestra profesión. 


La Gran Misa en do menor es una de las cúspides del repertorio sacro, pero Mozart la dejó inconclusa. Para este concierto, la OSN presenta la edición revisada por Ulrich Leisinger, director de investigación del Mozarteum de Salzburgo. ¿Hasta qué punto implica esta edición reconstruir música que Mozart dejó inacabada y cómo se logra mantener el respeto por su concepción original sin desvirtuar la esencia de la obra?

La versión de Ulrich Leisinger que estamos interpretando se limita a completar la instrumentación en los movimientos que Mozart ya había dejado escritos; la gran mayoría de la música que escucharemos proviene de la propia mano de Mozart, y el resto es una fiel aproximación a sus intenciones. Solo hay tres momentos en los que la mano del editor se vuelve claramente audible: la elección de si usar trompetas y timbales en el Credo y cómo hacerlo, el acompañamiento de cuerda del Et incarnatus est, y parte del reparto coral en el Sanctus y el Hosanna, ambos dejados inconclusos por Mozart. Mi convicción es que no es prudente tratar de completar la obra, ya sea reutilizando movimientos de otras piezas o añadiendo movimientos originales, derivados o no del material mozartiano que se conserva. 

 

A pesar de estar incompleta, ¿qué hace que esta obra sea tan especial dentro del repertorio de Mozart?

En lugar de un equivalente a la Misa en si menor de Johann Sebastian Bach, lo que tenemos aquí es un torso de música magnífica que se puede interpretar en gran medida tal como está, aunque sin las proporciones de una misa cantada completa. Además, la Gran Misa que Mozart pretendía escribir apenas habría tenido cabida en la liturgia de su época, donde el clérigo se oponía con firmeza a lo que consideraba un exceso musical. Por eso, en mi opinión, hay algo maravilloso en escuchar una obra que Mozart no escribió por encargo, que no se ajusta a un plan formal ni se interpretó jamás en su versión prevista. Es música que brotó de él sin más para celebrar su matrimonio con Constanze. 

 

La OSN y el Orfeón Pamplonés mantienen una larga trayectoria de colaboración que ha contribuido a poner en valor el repertorio sinfónico-coral en Navarra. ¿Qué importancia tiene esta relación artística para el desarrollo de este proyecto?

Mozart es un compositor en el que todos nos vemos reflejados, y el desafío con su música consiste siempre en descubrir toda la belleza que encierra mientras permanecemos humildemente a su servicio. La Gran Misa es un reto inmenso porque Mozart trata al coro y a la orquesta como una sola entidad, situando a la orquesta casi por completo en un papel de acompañamiento para el coro y los solistas. En particular, en las dos grandes fugas -el Cum Sancto Spirito y el Hosanna, interpretado dos veces-, el desafío casi imposible es combinar un gran virtuosismo con la humildad más profunda, tanto en el coro como en la orquesta. El corazón de la inspiración que Mozart recibió de Bach fue poner todo su intelecto musical al servicio de glorificar a Dios; por eso, cuanto mayor es la complejidad de la música, más retrocede el factor humano. En el plano ideal, la música emerge y los intérpretes desaparecen dentro de ella. Ese es el objetivo. 

 

¿Qué aporta a la OSN la colaboración con el Orfeón?
Siento que nos encontramos en un punto de profunda comprensión mutua. Nuestra exploración de obras maestras como la Misa en do menor tiene lugar tanto en el nivel musical como en el humano. De ahí nace el gozo de sentirme un miembro más del Orfeón, de trabajar con las ideas que surgen de esta relación y de seguir construyendo sobre la sólida conexión que une a esta institución con la OSN.